
Han vuelto las mariposas.
O quizás no hayan vuelto, simplemente han llegado.
O sólo están aquí porque acaban de mutar,
creando en el oscuro y sedoso exilio sus vistosas alas.
Hay miles de ellas. En todas partes.
Y no sólo están en el aire, también dentro de mí.
Y por eso creo que ayer, tal vez, comí gusanos...
(¿te apetece un puñadito?)